Adelanto cinco

English version here

La Ley Nacional 26.160 establece un proceso mandatorio de relevamiento territorial, que consiste en un análisis del territorio que reclaman las comunidades indígenas. Un equipo técnico multidisciplinar evalúa el territorio disputado y busca pruebas de la ocupación actual de los indígenas. Tuvimos el privilegio de participar en el que se llevó a cabo en la comunidad Potae Napocná Navogoh, y de compartir con ellos un día histórico: la primera vez que pudieron caminar por su territorio ancestral libres del miedo a ser perseguidos, agredidos o detenidos por ello.

¡Aquí tienen un adelanto del rodaje de ese día!

pantano from KAHAGAK (the path) on Vimeo.

Anuncios

“Nosotros, los qom, llevamos siempre el monte en el alma”

English version here

El joven poeta chaqueño Rolando Edgar Sánchez se dedica a divulgar la cultura qom casa por casa, en la ciudad de Rosario. Les compartimos su historia, publicada en Elciudadanoweb:

Captura de pantalla 2013-11-05 a las 10.00.14El joven empezó a escribir cuando tenía ocho años. Recuerda que una tarde su padre le dio un papel y un lápiz y cuando volvió a la casa le preguntó qué era lo que había hecho. “Yo le dije que nada porque no sabía ni leer ni escribir, entonces me mostró la hoja en blanco y me enseñó que aunque estuviera vacía en realidad estaba llena, porque las hojas son como las personas y nosotros, los Qom, llevamos el monte en el alma. Me quiso decir que esa hoja estaba llena del monte, que tenía nuestras historias”, explica.

Fuente: Elciudadanoweb


Agradecimiento de la comunidad

English version here

Tras la llegada de un camión con donaciones enviado por la Fundación La Alameda, las mujeres del taller textil de la comunidad Potae Napocná Navogoh quisieron enviar un agradecimiento

Agradecimiento de la comunidad from KAHAGAK (the path) on Vimeo.


Nuestros verdaderos héroes

English version here

Decía Julio Argentino Roca, Conquistador del Desierto: “Estamos como nación empeñados en una contienda de razas en que el indígena lleva sobre sí el tremendo anatema de su desaparición, escrito en nombre de la civilización. Destruyamos, pues, moralmente esa raza, aniquilemos sus resortes y organización política, desaparezca su orden de tribus y si es necesario divídase la familia. Esta raza quebrada y dispersa, acabará por abrazar la causa de la civilización. Las colonias centrales, la Marina, las provincias del norte y del litoral sirven de teatro para realizar este propósito”.

roca y dorregoLos crímenes de Roca, encumbrado a héroe nacional por la historiografía oficial, deben denunciarse hasta que caiga del pedestal en el que todavía hoy sigue subido. Hoy recuperamos un artículo de Osvaldo Bayer publicado el pasado mes de mayo, donde el historiador sigue cultivando una historia que deje de esconder el genocidio indígena:

Ya los argentinos discuten sobre los héroes postizos que nos impuso la historia oficial en vez de la Igualdad que cantamos en nuestro Himno Nacional desde la gloriosa asamblea de 1813. Se nos enseñó a admirar lo europeo y a despreciar la esencia de los pueblos originarios, con su respeto a la naturaleza, su sentido de igualdad y su vida en comunidad.


La primera experiencia electoral bilingüe

English version here

Por primera vez, y con motivo de las elecciones del pasado domingo, algunas poblaciones indígenas tuvieron acceso a materiales instructivos traducidos a sus propias lenguas:

Habitantes de las provincias de Formosa, Chaco, Santa Fe, Buenos Aires y Capital Federal vivieron ayer su primera experiencia electoral bilingüe, con la entrega de materiales traducidos por la Cámara Nacional Electoral en lenguas como el quechua, mapuche, mocoví, qom y pilagá. La medida, que tiene como objetivo una mayor integración de los pueblos originarios en los comicios, “fue un éxito” y “la palabra que más le cabe es genial”, reivindicó Juan Namuncurá, integrante del Consejo Nacional de Políticas Indígenas.

Sin embargo, esta  iniciativa no satisface todavía las necesidades que presenta la pluralidad cultural y lingüística de la Argentina. Los materiales están traducidos a las lenguas quechua, mapuche, mocoví, qom y pilagá; pero no a los diversos dialectos de cada una de estas lenguas.

eleccionesPor ejemplo, en la imagen vemos uno de los materiales traducidos a la lengua qom, en un dialecto más extendido en la provincia del Chaco. Las diferencias con el qom que se habla en la comunidad Potae Napocná Navogoh de Formosa son importantes y afectan a la comprensión del texto.

Pero, pese a que sea de momento insuficiente,  la traducción de los materiales electorales no deja de ser una excelente iniciativa para con los pueblos originarios.

Para el funcionario y bisnieto del beato Ceferino Namuncurá, “es un avance enorme para los pueblos y comunidades originarias poder salir de la marginación que le plantea el sistema electoral al desconocer la lengua que se habla en el lugar”.
“Tuvimos mucha participación mapuche, qom, mocoví, de las comunidades del interior, estamos felices”, dijo Namuncurá, quien aseguró que el proceso de ayer “superó todas las expectativas”.

Esperemos que para las próximas elecciones las traducciones sean todavía más ricas, y que este paso adelante en los derechos indígenas se extienda a otras áreas tanto o más urgentes.

Fuente:  La República


La historia de las preguntas

English version here

relatos del viejo antonio

Aprieta el frío en esta sierra.

Ana María y Mario me acompañan en esta exploración, 10 años antes del amanecer de enero.

Los dos apenas se han incorporado a la guerrilla y a mí, entonces teniente de infantería, me toca enseñarles lo que otros me enseñaron a mí: a vivir en la montaña.

Ayer topé al viejo Antonio por vez primera. Mentimos ambos. Él diciendo que andaba para ver su milpa, yo diciendo que andaba de cacería. Los dos sabíamos que mentíamos y sabíamos que lo sabíamos.

Dejé a Ana María siguiendo el rumbo de la exploración y yo me volví a acercar al río para ver si, con el clisímetro, podía ubicar en el mapa un cerro muy alto que tenía al frente, y por si topaba de nuevo al viejo Antonio. Él ha de haber pensado lo mismo porque se apareció por el lugar del encuentro anterior.

Como ayer, el viejo Antonio se sienta en el suelo, se recarga en un huapac de verde musgo, y empieza a forjar un cigarro. Yo me siento frente a él y enciendo la pipa.
El viejo Antonio inicia:
No andas de cacería.

Yo respondo: “Y usted no anda para su milpa”. Algo me hace hablarle de usted, con respeto, a este hombre de edad indefinida y rostro curtido como la piel del cedro, a quien veo por segunda vez en mi vida.

El viejo Antonio sonríe y agrega: “He oído de ustedes. En las cañadas dicen que son bandidos. En mi pueblo están inquietos porque pueden andar por esos rumbos”.
“Y usted, ¿cree que somos bandidos?”, pregunto. El viejo Antonio suelta una gran voluta de humo, tose y niega con la cabeza. Yo me animo y le hago otra pregunta: “¿Y quién cree usted que somos?”.
“Prefiero que tú me lo digas”, responde el viejo Antonio y se me queda viendo a los ojos.
“Es una historia muy larga”, digo y empiezo a contar de cuando Zapata y Villa y la revolución y la tierra y la injusticia y el hambre y la ignorancia y la enfermedad y la represión y todo. Y termino con un “y entonces nosotros somos el Ejército Zapatista de Liberación Nacional”. Espero alguna señal en el rostro del viejo Antonio que no ha dejado de mirarme durante mi plática.
“Cuéntame más de ese Zapata”, dice después de humo y tos.
Yo empiezo con Anenecuilco, me sigo con el Plan de Ayala, la campaña militar, la organización de los pueblos, la traición de Chinameca. El viejo Antonio sigue mirándome mientras termino el relato.

“No así fue”, me dice. Yo hago un gesto de sorpresa y sólo alcanzo a balbucear: “¿No?”.”No”, insiste el viejo Antonio: “Yo te voy a contar la verdadera historia del tal Zapata”.
Sacando tabaco y “doblador”, el viejo Antonio inicia su historia que une y confunde tiempos viejos y nuevos, tal y como se confunden y unen el humo de mi pipa y de su cigarro.

“Hace muchas historias, cuando los dioses más primeros, los que hicieron el mundo, estaban todavía dando vueltas por la noche, se hablan dos dioses que eran el Ik’al y el Votán.
Dos eran de uno sólo. Volteándose el uno se mostraba el otro, volteándose el otro se mostraba el uno. Eran contrarios.
El uno luz era como mañana de mayo en el río. El otro era oscuro, como noche de frío y cueva. Eran lo mismo. Eran uno los dos, porque el uno hacía al otro.
Pero no se caminaban, quedando se estaban siempre estos dos dioses que uno eran sin moverse. «¿Qué hacemos pues?», preguntaron los dos. «Está triste la vida así como estamos de por sí», tristeaban los dos que uno eran en su estarse. «No pasa la noche», dijo el Ik’al. «No pasa el día» dijo el Votán. «Caminemos», dijo el uno que dos era. «¿Cómo?», preguntó el otro. «¿Para dónde?», preguntó el uno. Y vieron que así se movieron tantito, primero para preguntar cómo, y luego para preguntar dónde. Contento se puso el uno que dos era cuando vio que tantito se movían. Quisieron los dos al mismo tiempo moverse y no se pudieron. «¿Cómo hacemos pues?» Y se asomaba primero el uno y luego el otro y se movieron otro tantito y se dieron cuenta que si uno primero y otro después entonces sí se movían y sacaron acuerdo que para moverse primero se mueve el uno y luego se mueve el otro y empezaron a moverse y nadie se acuerda quién primero se movió para empezar a moverse porque muy contentos estaban que ya se movían y «¿qué importa quién primero si ya nos movemos?», decían los dos dioses que el mismo eran y se reían y el primer acuerdo que sacaron fue hacer baile y se bailaron, un pasito el uno, un pasito el otro, y tardaron en el baile porque contentos estaban de que se habían encontrado.
Ya luego se cansaron de tanto baile y vieron qué otra cosa pueden hacer y lo vieron que la primera pregunta de «¿cómo moverse?» trajo la respuesta de «juntos pero separados de acuerdo», y esa pregunta no mucho les importó porque cuando dieron cuenta ya estaban moviéndose y entonces se vino la otra pregunta cuando se vieron que había dos caminos: el uno estaba muy cortito y ahí nomás llegaba y claro se veía que ahí nomás cerquita se terminaba el camino ese y tanto era el gusto de caminar que tenían en sus pies que dijeron rápido que el camino que era cortito no muy lo querían caminar y sacaron acuerdo de caminarse el camino largo y ya se iban a empezar a caminarse, cuando la respuesta de escoger el camino largo les trajo otra pregunta de «¿a dónde lleva este camino?»; tardaron pensando la respuesta y los dos que eran uno de pronto llegó en su cabeza de que sólo si lo caminaban el camino largo iba a saber a dónde lleva porque así como estaban nunca iban a saber para dónde lleva el camino largo.
Y entonces se dijeron el uno que dos era: «Pues vamos a caminarlo, pues» y lo empezaron a caminar, primero el uno y luego el otro. Y ahí nomás se dieron cuenta de que tomaba mucho tiempo caminar el camino largo y entonces se vino la otra pregunta de «¿cómo vamos a hacer para caminar mucho tiempo?» y quedaron pensando un buen rato y entonces el Ik’al clarito dijo que él no sabía caminar de día y el Votán dijo que él de noche miedo tenía de caminarse y quedaron llorando un buen rato y ya luego que acabó la chilladera que se tenían se pusieron de acuerdo y lo vieron que el Ik’al bien que se podía caminar de noche y que el Votán bien que se podía caminar de día y que el Ik’al lo caminara al Votán en la noche y así sacaron la respuesta para caminarse todo el tiempo.
Desde entonces los dioses caminan con preguntas y no paran nunca, nunca se llegan y se van nunca. Y entonces así aprendieron los hombres y mujeres verdaderos que las preguntas sirven para caminar, no para quedarse parados así nomás.
Y, desde entonces, los hombres y mujeres verdaderos para caminar preguntan, para llegar se despiden y para irse saludan. Nunca se están quietos.”

Yo me quedo mordisqueando la ya corta boquilla de la pipa esperando a que el viejo Antonio continúe pero él parece no tener ya la intención de hacerlo.

Con el temor de romper algo muy serio pregunto: “¿Y Zapata?”

El viejo Antonio se sonríe: “Ya aprendiste que para saber y para caminar hay que preguntar”. Tose y enciende otro cigarro que no supe a qué hora lo forjó y, por entre el humo que sale de sus labios, caen las palabras como semillas en el suelo:
“El tal Zapata se apareció acá en las montañas. No se nació, dicen. Se apareció así nomás. Dicen que es el Ik’al y el Votán que hasta acá vinieron a parar en su largo camino y que, para no espantar a las gentes buenas, se hicieron uno sólo.
Porque ya de mucho andar juntos, el Ik’al y el Votán aprendieron que era lo mismo y que podían hacerse uno sólo en el día y en la noche y cuando se llegaron hasta acá se hicieron uno y se pusieron de nombre Zapata y dijo el Zapata que hasta aquí había llegado y acá iba a encontrar la respuesta de a dónde lleva el largo camino y dijo que en veces sería luz y en veces oscuridad, pero que era el mismo, el Votán Zapata y el Ik’al Zapata, el Zapata blanco y el Zapata negro, y que eran los dos el mismo camino para los hombres y mujeres verdaderos”.

El viejo Antonio saca de su morraleta una bolsita de nylon. Adentro viene una foto muy vieja, de 1910, de Emiliano Zapata.
Tiene Zapata la mano izquierda empuñando el sable a la altura de la cintura.
Tiene en la derecha una carabina sostenida, dos carrilleras de balas le cruzan el pecho, una banda de dos tonos, blanco y negro, le cruza de izquierda a derecha.
Tiene los pies como quien está quedando quieto o caminando y en la mirada algo así como “aquí estoy” o “ahí les voy”.
Hay dos escaleras. En la una, que sale de la oscuridad, se ven más zapatistas de rostros morenos, como si salieran del fondo de algo; en la otra escalera, que está iluminada, no hay nadie y no se ve a dónde lleva o de dónde viene.

Mentiría si dijera que yo me di cuenta de todos esos detalles.  Fue el viejo Antonio el que me llamó la atención sobre ellos.
Atrás de la foto se lee:

Gral. Emiliano Zapata, jefe del ejército suriano.

Gen. Emiliano Zapata, commander in chief of the southern army.

Le Général Emiliano Zapata, Chef de l’Armée du Sud.

C. 1910. Photo by: Agustín V. Casasola.
El viejo Antonio me dice:  “Yo a esta foto le he hecho muchas preguntas. Así fue como llegué hasta aquí”.
Tose y arroja la bachita del cigarro. Me da la foto. “Toma”, me dice, “para que aprendas a preguntarle… y a caminar”.

“Es mejor despedirse al llegar. Así no duele tanto cuando uno se va”, me dice el viejo Antonio tendiéndome la mano para decirme que ya se va, es decir, que está viniendo.

Desde entonces, el viejo Antonio saluda al llegar con un “adiós” y se despide alzando la mano y alejándose con un “ya vengo”.

Extraído de Relatos del Viejo Antonio, por el Subcomandante Marcos


12 de octubre

English version here

Fragmento del mural Conquista y sometimiento de Diego Rivera 

Image

Dice Eduardo Galeano, a propósito del 12 de octubre y el ‘descubrimiento’ de América:

¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América.

¿América estaba vacía?

Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.
Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón.
Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India.

Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia. El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se
le darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua.
El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.
Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.

Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era.
No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad
del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela.
Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.

Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.
En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.
En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.
En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.

Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.

El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.
Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.

Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la
guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos.

Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima.

Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza. Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo?
En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección.
¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?

Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro. ¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?

Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó:
-¡Nosotros seremos cada vez más!
-¿Con qué mujeres? -preguntó el jefe indio.
-Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.

Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa.
Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.
Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.